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25 de abril de 2009

Comercio exterior en Asia oriental y China en la OMC

La entrada de China en la Organización Mundial del Comercio en el año 2001 provocó el recelo de los países vecinos que veían como la liberalización progresiva de los mercados -impuesta por la organización-, así como la eliminación de las barreras comerciales, podía hacer decantar a las firmas extranjeras, a la hora de llevar a cabo sus inversiones, por este nuevo socio en detrimento de los otro países de Asia oriental y del Sudeste asiático. Sin embargo, parece que el ingreso en la OMC no tuvo tantas repercusiones como las temidas, a pesar del notable ascenso de posición en de China en el ranking de los primeros países exportadores (arrebatando a Japón el tercer puesto) y contribuyendo así al aumento de las inversiones directas extranjeras en China. La IDE incrementó también mucho en el resto de países asiáticos como consecuencia de la política preventiva aplicada por las empresas inversoras que no confían 100% de su capital a China, y por tanto la diversificaban, por si en un futuro la situación económica de China variara de tal manera que pusiera en peligro las inversiones.
Otra de las causas del aumento de las IDE en el Sudeste asiático y en otros países asiáticos (Japón, Taiwán, Corea del Sur) ha sido el hecho que el aumento de la producción china se ha visto acompañado de la necesidad de tener que importar materias primas que China no disponía (o que eran escasas) para poder proceder a la manufactura o a la fabricación de piezas o componentes, al igual que también se potencian las redes comerciales de contactos, gracias a las ventajas de Internet, entre los diferentes países de la región; los cambios a nivel comercial que supone la entrada de China en la OMC hace que China se acabe convirtiendo en el principal socio comercial de Hong Kong, Japón o Taiwán, sustituyendo en este aspecto al papel de los Estados Unidos.
Finalmente, cabe destacar que tras el ingreso en la OMC y el consecuente desarrollo comercial y económico de China, los márgenes de beneficio de la producción china para las empresas inversoras se han visto disminuidos en comparación con la situación anterior, de manera que gran parte de las piezas, componentes y personal que utilizan en el proceso de ensamblaje proviene de proveedores de otros países asiáticos.

1 de abril de 2009

Economías de China y Japón

Las diferencias que separan las economías de China y de Japón se hacen patentes en los tres sectores económicos. En cuanto al sector primario, en China, casi la mitad de la población activa del país se dedica a la producción agrícola, posicionándose entre los grandes productores agrícolas del mundo, mientras que en Japón, la agricultura es una actividad complementaria y sólo un 5% de su población activa se encuentra en este sector. La producción agrícola en China ha incrementado notablemente, gracias a una serie de mejoras (liberalización de los precios, menor regulación administrativa, descolectivización, incentivos, etc.) que consiguieron acabar con los sistemas que frenaban el progreso en este sector. Sin embargo, estas mejoras no han llevado a la total modernización de las estructuras agrarias y cada vez la presión de las zonas urbanas frente a la población agrícola es más intensa. En Japón, aunque la población rural pierda efectivos progresivamente, las mejoras en las técnicas agronómicas, en los abonos y en la mecanización han originado un crecimiento muy fuerte de la productividad. En relación al sistema de explotación, suele hacerse a través de pequeñas parcelas por parte de familias privadas, que destinan casi la mitad de la producción al autoconsumo, mientras que la otra parte (en caso de las familias más pudientes) es dedicada al comercio. Este entorno ha propiciado la aparición de una clase de agricultores que han mejorado notoriamente su calidad de vida, pero que tienen que lidiar continuamente para conseguir explotaciones más competitivas. La agricultura en Japón no adquiere el valor económico que tiene en China y es muy frecuente ver como familias enteras abandonan sus cultivos, ya que su producción es cada vez menos competitiva y está fuera de mercado. Las zonas agrícolas de China son bastante escasas teniendo en cuenta su enorme superficie, pero los diferentes relieves y las diversas condiciones atmosféricas del país hacen que se distribuyan de manera muy irregular, las más extensas de las cuales se encuentran en los territorios del este. Igualmente, en Japón la extensión cultivable es bastante reducida, pero a diferencia de algunas zonas de China, las áreas rurales y las de mayor producción son las menos pobladas. Referente a los productos más cultivados, el arroz (primer cultivador del mundo), el maíz, el trigo y el algodón son los productos por excelencia; el cultivo de cereales se encuentra en fase de disminución progresiva en detrimento de los cultivos industriales y las plantaciones (té, caña de azúcar, girasol). En cambio, si bien el cultivo del arroz es el más notorio en Japón, los índices de producción ya no están a la altura de los de China. Por el contrario, el cultivo de frutas y de plantaciones, como las de té, son los que mejor canales de comercialización tienen, a pesar de la poca exportación que supone este sector. Contrariamente a lo que sucede en China, los bosques en Japón cubren una extensión de terreno muy amplia y, por consiguiente, no han de recurrir a las abundantes importaciones de madera a las que está obligada China. Ambos países son considerados grandes potencias pesqueras y tienen asimismo numerosos recursos minerales; si bien en China predomina el petróleo, el acero, el aluminio o el hierro, en Japón los principales recursos son los minerales preciosos y otros metales; el petróleo y el carbón están muy limitados, lo que ha propiciado la construcción de numerosas centrales nucleares como fuentes de energía. Finalmente, mientras China apuesta por el aprovechamiento del agua para producir hidroelectricidad, Japón ha disminuido considerablemente esta práctica para no asumir costes muy elevados.
El sector secundario en China está en pleno apogeo, concretamente el de la industria ligera. Los sectores industriales más importantes la industria textil, la mecánica, la alimentaria, la química y la energética. Sin embargo, Japón, aunque está sufriendo cambios considerables en su progreso industrial, sigue siendo un motor imprescindible en la economía mundial, gracias a sus aportaciones a la industria pesada, a la alta tecnología, a la maquinaria, a la electrónica y al motor, así como por su política de innovación e I+D. Mientras China se está convirtiendo en la ubicación idónea para las empresas extranjeras, Japón apuesta por la deslocalización de sus empresas.
Referente al sector terciario, las diferencias en cuanto a redes de transporte, servicios y turismo entre ambos países son igualmente apreciables. La madurez de la economía japonesa conlleva la consolidación del sector servicios, mientras que China, al llevar un retraso importante en su desarrollo económico, justo ahora está empezando a potenciar este sector, al igual que está sucediendo con el comercio, en torno del cual se encuentran las principales empresas privadas. Las infraestructuras en China, a diferencia de lo que sucede en Japón, siguen siendo muy deficitarias: pocos kilómetros de autopistas y redes ferroviarias, viejas y lentas. Sin embargo, se están potenciando tanto los aeropuertos internacionales como los nacionales, de tal manera que incluso superan ya a las cifras contabilizadas por los principales aeropuertos de Japón; este factor es clave para la llegada cada vez más intensa de turistas. El turismo chino hacia el exterior es casi nulo, pero los japoneses, en cambio, están muy predispuestos a practicar turismo, especialmente, nacional.

Reformas económicas en China

El siguiente cuadro recog de manera ilustrativa las reformas llevadas a cabo en China que le han permitido adquirir su estatus de potencia económica mundial en la actualidad.













25 de marzo de 2009

Economía japonesa en la actualidad

Según los informes sobre la economía japonesa de los últimos tres meses, podemos concluir que Japón está en clara recesión y que es más grave de lo que en un primer momento se podía preveer. También se puede afirmar que este descenso reiterado del PIB tiene su origen principalmente en la disminución de la demanda global que ha castigado severamente el sector exterior, en especial las exportaciones a los EEUU y al resto de Asia. Cabe recordar que el motor de crecimiento de la economía nipona eran las exportaciones y, vinculadas con éstas, las fuertes inversiones en bienes de equipo que realizaban las empresas exportadoras. La combinación de estos dos elementos, que constituyen un tercio del PIB, explicaría que la debilidad de las ventas al exterior haya debilitado la economía japonesa.

Si repasamos los principales indicadores económicos, vemos que la confianza del consumidor ha alcanzado en este período unos mínimos históricos, así como que las ventas minoristas, especialmente las ventas de automóviles -indicador avanzado de la demanda- no cesan de retroceder. Otro indicador relevante como es la producción industrial no se ha recuperado del fuerte descenso sufrido en el mes de agosto y que sigue cediendo décimas porcentuales, al igual que la producción industrial de bienes de consumo. Por consiguiente, no es de extrañar que el índice Tankan de actividad empresarial del Banco de Japón no haya dejado de acumular puntos negativos. Un factor siempre interesante de analizar es el frente inflacionista; en este sentido es importante señalar que el IPC se ha visto arrastrado a la baja, principalmente, por la tendencia bajista del precio del petróleo. Los únicos indicadores que muestran una cierta recuperación son el correspondiente a las tasas de paro y a la construcción, la cual presenta una recuperación modesta, probablemente por el abaratamiento del precio del suelo; aún así, este factor no ha evitado que continuara bajando la venta de viviendas, en medio de una indefinición de los precios.

En conclusión, podemos resumir que en Japón casi toda la contribución al PIB es debida al sector exterior; del mismo modo, la producción industrial está en caída libre, la inflación se mantiene moderada y, mientras, aumenta el miedo de los consumidores -tal y como nos señalan los índices de confianza-.

29 de junio de 2007

Éxitos y retos de la economía china

Es indiscutible que el país sigue contando con una serie de problemas serios que pueden hacer cuestionar el éxito y la perpetuidad de la economía china.

Gracias al enorme crecimiento económico, los índices de pobreza se han reducido considerablemente; no obstante, son muchas las dificultades para continuar reduciéndola, teniendo en cuenta la gran masa de población y las desigualdades dentro de la misma. Así pues, tenemos que las desigualdades entre campo y ciudad siguen creciendo, lo que provoca grandes éxodos rurales hacia las zonas más urbanas. Los recién llegados no cuentan ni con trabajo ni con vivienda, con lo deben afrontar situaciones bastante dramáticas. De la misma manera, también existen grandes diferencias entre las distintas regiones del país, puesto que no todas están preparadas para una apertura comercial ni todas son susceptibles de ser objeto de inversiones extranjeras, ya que gran parte de las zonas altas, las del interior o las desérticas no son aptas para la producción agrícola.

Por supuesto, el gobierno es plenamente consciente del problema de la pobreza y la desigualdad, tal y como lo demuestran las medidas que está tomando para que el problema no se agrave. Mediante la reducción de los impuestos en el campo y el aumento de las prestaciones sociales y de ayudas para mejorar la producción, así como de fomentar los cultivos de mayor valor añadido, la aplicación de la tecnología o la concesión de pequeños préstamos, se intenta combatir la pobreza en el medio rural, mientras que para afrontar la pobreza urbana se ha recurrido a la promoción de empleos privados, a la aplicación de programas de inserción en el mundo laboral urbano y a la prestación de ayudas económicas para los desempleados. El gobierno chino sabe que muchos de los préstamos y de las ayudas no podrán ser afrontadas por los beneficiarios, pero aún así cree que es necesario llevar a cabo estas medidas para intentar reducir la pobreza.
Por otro lado, como consecuencia de la fuerte industrialización y urbanización que está viviendo China, se han desatado una serie de problemas medioambientales, tales como la pérdida de la biodiversidad (con los graves problemas económicos que acarrea), la contaminación tanto del aire, como de las aguas y de la tierra (lo que las convierte en poco cultivables) y el enorme consumo energético y las graves consecuencias ecológicas como el agotamiento de los recursos. El gobierno chino debe afrontar los serios problemas medioambientales que ha generado, mediante los planes de reducción de la contaminación ambiental y de emisión de gases por la combustión de carbón, de búsqueda de alternativas para el consumo de petróleo y de desarrollo de fuentes de energías renovables, como intentan conseguir con la utilización de la Presa de las Tres Gargantas. Sin embargo, el gobierno chino, conocedor del bien con el que cuenta (agua), ha fomentado la construcción de canales hídricos y de enormes presas con el fin de llevar a cabo una política de control del agua, que en un principio parece ser muy beneficiosa para el país, muy a pesar de la fuerte polémica que ha suscitado. Bajo el pretexto de domar las aguas de unos ríos cuya potencia no permiten un uso directo de sus aguas, el gobierno ha impuesto su ley y, me temo que, pensando más en sus propios intereses que no en el fin mismo de la construcción de estas monumentales obras. Y es que el “gigante asiático” una vez más ha de hacer alarde de su fuerza (tanto a nivel nacional como internacional) y que mejor manera que llevar a cabo la construcción una presa majestuosa, que sin duda muestra al mundo el enorme capital, el desarrollo tecnológico y la cantidad de trabajadores cualificados con los cuenta, en definitiva, su enorme potencial. Poco importan al gobierno las críticas por la expropiación de más de un millón de personas, las vidas que se ha cobrado la obra, la amenaza de miles de metros cúbicos de aguas residuales que se van a generar o las consecuencias que puede tener el frenar las inundaciones en determinadas zonas del país. Por esta misma razón, considero que es discutible la manera en que se llevan a cabo las medidas para hacer frente a las debilidades del país. Si bien es muy complicado frenar esta serie de problemas cuando un país se está industrializando a la manera de China (y por ello recibe la cooperación de los países desarrollados), hay algunos aspectos que parecen no estar siendo tratados con la atención que precisan. Me refiero a la falta de esfuerzos por tratar las aguas residuales, que podrían ser reutilizadas en otros usos, o a los pocos logros en el ahorro energético. Concretamente, acerca de este último punto me gustaría matizar que los intereses del gobierno chino sobre la falta de recursos energéticos están desencadenando serios conflictos en el Mar de China por la disputa de la posesión de los yacimientos petrolíferos y de gas. China, con su afán de constatar que es la potencia más peligrosa de Asia Oriental, quiere hacerse con el control de todos los yacimientos del sudeste asiático, entrando en conflicto con todos los países de la ASEAN (incluido Japón). Los problemas medioambientales, así como los problemas energéticos suponen un gran desafío no sólo para China, sino que también para el resto de países, ya que son una amenaza a nivel mundial. Por ejemplo, problemas como la lluvia ácida, la emisión de gases o el excesivo consumo de petróleo y de otros recursos, son problemas que afectan directamente a todo el planeta, ya sea por el deterioro medioambiental general que provocan o por sus repercusiones económicas (calentamiento del planeta, agotamiento de los recursos energéticos mundiales, alza de los precios de los recursos energéticos...).

Hay otros problemas que China necesita solventar para poder seguir prosperando económicamente y sobre los cuales el gobierno ya está trabajando. Encontramos, por ejemplo, la fragilidad del sector bancario. Los bancos son cada vez menos potentes, pues se han visto obligados a conceder préstamos de dudoso cobro a empresas que posiblemente no dispongan de recursos para devolverlos, lo cual puede generar un grave crisis financiera, como nos anuncia Pablo Bustelo en su análisis de la situación económica actual de China, debido a la imposibilidad de los bancos estatales de hacer frente a la competencia de los bancos extranjeros. Asimismo, hay que cubrir la enorme deuda pública generada por la cobertura de los préstamos no cobrados o de los servicios sociales (pensiones, ayudas económicas, protección medioambiental...), misión que recae directamente sobre el sistema financiero del Estado.

Se puede decir que China podría estar sufriendo un sobre-calentamiento de su economía, y es que las inversiones del país están financiadas mediante créditos que podrían no ser rentabilizados, llevando a generar una gran deflación, a una especulación en el sistema inmobiliario, un incremento en las exportaciones y una mayor entrada de capital extranjero. A pesar de los esfuerzos del gobierno para evitar que estos fenómenos lleguen a ratios no controlables (restricciones de créditos bancarios en el sector inmobiliario, prohibición de ciertas empresas a emitir bonos o acciones...), se teme que no sean suficientes. Como bien apuntaba Montserrat Sánchez, es posible que el gobierno chino se encuentre ante el problema de la vital importancia de sus exportaciones, que generan gran parte de las ganancias del país, pero de las cuales dependen para continuar creciendo económicamente, con los riesgos que esto supone (si hay cese de las exportaciones, el país pierde su mayor fuente de ingresos).

19 de mayo de 2007

Economía china vs británica

A pesar de sus grandes dimensiones, China concentra una densidad de población enorme (133 habitantes por km2), y es que, rozando casi los 1300 millones de habitantes, es el país más poblado del mundo. Gracias a la política del hijo único y a los estrictos controles de natalidad llevados a cabo por el gobierno, se ha conseguido reducir el crecimiento de la población al 1’2%, el doble, sin embargo, que el crecimiento de Reino Unido.

Teniendo en cuenta el Producto Interior Bruto, China goza del privilegio de estar entre los diez primeros países del mundo, pero más relevante es aún el hecho que, considerando la Paridad del Poder Adquisitivo, se sitúa en la segunda posición mundial, por delante de Reino Unido. Si bien la crisis financiera del sudeste asiático frenó el ritmo regular de las exportaciones de China hacia la zona, el éxito logrado por el gobierno chino con su intento por aumentar la inversión en el activo del país, así como de las exportaciones y del consumo propio, han contribuido, en cuestión de cuarenta años, a que la variación anual del PIB sea espectacular; alcanzando índices elevadísimos, China se convierte en el país con la mayor tasa de crecimiento del mundo con gran diferencia. Si Reino Unido cuenta con una variación anual del PIB de un 2’5% (similar a la media de los países desarrollados), las previsiones apuntan a que China alcance un 9’9% en 2006. Este dato muestra, sin duda, la evolución económica tan importante que está viviendo el “gigante asiático”: la economía china se está expandiendo a gran velocidad. Sin embargo, sus Ingresos Nacionales Brutos son infinitamente menores a los INB de Reino Unido: esto es lo que marca la diferencia entre que China sea considerada como un país de ingresos medios-bajos, al contrario de Reino Unido, que entra dentro de los países con ingresos elevados.

La estructura productiva de China ha sufrido cambios importantes en los últimos cuarenta años. En el pasado, la “riqueza” de China era proporcionada por la agricultura y por la industria, quedando el sector terciario de los servicios muy reprimido por la política maoísta. Por el contrario, en la actualidad, las contribuciones generadas por la agricultura se han reducido notablemente, aunque siguen teniendo importancia, muy al contrario de lo que sucede con Reino Unido, donde la agricultura representa únicamente un 1%. El aumento del sector servicios ha sido espectacular, pero todavía queda muy lejos del papel primordial que juega dicho sector en Reino Unido. Gracias a los esfuerzos del gobierno actual de potenciar el proceso de industrialización iniciado por Mao, el papel principal actualmente se lo lleva la industria, representando más de la mitad de las aportaciones al PIB. Es interesante ver cómo afecta esta productividad. De una banda, implica una apertura hacia el comercio exterior. Dado que la media mundial de las exportaciones se sitúa en un 23% aproximadamente (Reino Unido, un 25%) y China tiene unos índices del 33%, podemos afirmar que China mantiene buenas relaciones con el exterior. Aunque su media de importaciones también es muy alta, al contrario de lo que sucede con Reino Unido, no excede a la media de exportaciones; esta señal indica que China es un país con un enorme potencial productivo. Por otra banda, dicha productividad representa una fuerte atracción para los inversores extranjeros. El dinero procedente de estas inversiones es destinado a inversiones públicas tales como infraestructuras o mejoras técnicas, participando en la formación de un capital fijo que se va acumulando y que a pasado de ser en veinte años casi inexistente (0’1%) a representar más de una décima parte (12’4%) del capital del país. La inversión interna bruta de China sobrepasa en más del doble a la misma inversión llevada a cabo por Reino Unido… y es que son los países con ingresos altos los que normalmente invierten en los de ingresos medios-bajos.

Finalmente, cabría destacar cómo el crecimiento económico desarrollado en China ha favorecido a un desarrollo social muy importante. Si bien, en Reino Unido los indicadores sociales prácticamente han permanecido inalterables durante unos veinte años, los de China han mejorado espectacularmente, aunque sigan estando muy por debajo de los británicos. Así pues, por ejemplo, la esperanza de vida ha aumentado en casi diez años (de 63 a 71 años), a pesar de que en Reino Unido sea muy superior (78 años); las mejoras en las condiciones sanitarias han contribuido a una reducción notable de la mortalidad infantil, aunque sigue estando muy lejos de la británica; asimismo, el incremento de la producción ha supuesto una disminución considerable de la pobreza extrema y de la hambruna: se ha pasado de tener a más de la mitad de la población (59%) bajo el umbral de la pobreza, a un 17% en el transcurso de 20 años.

En conclusión, según los datos analizados, podemos afirmar que China es ciertamente un país en pleno desarrollo económico, que gracias a su intensa actividad productiva y a su capacidad de administrar e invertir sus recursos económicos en un tiempo muy breve, la han llevado a colocarse en los primeros puestos del ranking mundial de potencias económicas. Sin embargo, Reino Unido es un país de gran trayectoria y de economía avanzada y “consolidada”, con un enorme potencial económico, pero con un perfil de crecimiento mucho más moderado que China.
BIBLIOGRAFÍA